Si en la anterior ocasión presentamos un juego recientemente preservado, hoy en la sección dedicada a los juegos en MS-DOS voy a dar otra vuelta de tuerca para presentar un título que, hasta donde tengo constancia, no se encuentra preservado.
El juego se distribuyó en 1.988 a través de la revista “PC-DOS Disk Magazine”, concretamente en el número 5 del mes de Noviembre y la programación del mismo correspondió a Infodisc, autores de “Aventura en Wildland”.

Como veis en la presentación del título, nos encontramos en plena Guerra Fría y debemos escoger uno de los dos bandos (USA o URSS) para dirigir el cuartel general a través del cual dirigir el conflicto nuclear contra nuestros enemigos.
Como corresponde a un título comercializado en una revista en disco para PC, los requerimientos del juego son muy escasos (ocupa apenas 90 Kb) y nos basta con una tarjeta CGA y un monitor monocromo para poder ejecutarlo.
Una vez que hemos elegido nuestro bando, la primera pantalla del juego nos pide que despleguemos nuestras bases de lanzamiento entre las diferentes ciudades aliadas y nos asignará, aleatoriamente, una ciudad como centro de mando.
El desarrollo de la partida recuerda mucho al famoso “Hundir la flota”, dado que ganará la partida el bando que haya conseguido alcanzar con un misil nuclear la ciudad donde se encuentre ubicado el centro de mando del enemigo.
Mientras este hecho se produce, desplegaremos un cataclismo nuclear que ríete tú de Fallout, en el que destrozaremos y veremos cómo nos destrozan bases de lanzamiento, reduciendo la potencia de disparo de ambos dos bandos.
El juego es muy intuitivo, utilizándose para jugar las teclas de función del F1 al F9 y los números del teclado y, ya desde la primera partida, entenderemos muy rápido como desenvolvernos en el conflicto nuclear.
A pesar de que el éxito en la partida parece depender de la suerte, no olvidéis que es muy importante la planificación a dos niveles, dónde colocar vuestras bases y a dónde disparar desde las mismas.
Esto es, las bases en Europa son importantes y disparar desde ella a ubicaciones cercanas (es más fácil alcanzar a Moscú desde Munich que desde Nueva York, por ejemplo y a Miami desde Cuba que desde Pekín, evidentemente).
Las partidas son muy rápidas, incluso aquellas en las que se realicen más de cuatro rearmes no es normal que duren más de quince minutos, convirtiendo Guerra Nuclear en un juego corto, pero muy dinámico.
En su momento, se trataba de un título rápido con el que me despejaba jugando cuando me había saturado con juegos más complejos, como las aventuras gráficas de LucasArts, por poner un ejemplo.
Una de sus principales virtudes es, sin duda, la enorme capacidad de inmersión que logra con sus muy reducidos medios, consiguiendo que se nos dispare la adrenalina conforme vemos cómo los misiles van destruyendo nuestras ciudades.
Los elementos técnicos del juego, gráficos y sonido, son muy discretos pero se encuentran sin embargo muy bien implementados, consiguiendo gracias a ellos que la partida sea tanto dinámica como fácil de seguir.
Guerra Nuclear es un recuerdo imborrable de mi infancia, uno de esos juegos que te encuentras cuando tecleas “A:\guerra” en un disquete sobre el que no sabes nada y que exploras con el entonces habitual “A:\dir”.





