¿Quieres un yate o un bugatti?
Si me preguntas a mi ninguno de los dos. Prefiero la paz mental. Es mucho mas cara y difícil de conseguir.
Ahora… si tengo ya paz mental y me tiran un Bugatti no te dire que no ![]()
Le decia a KGM que es el del dibujo.
Yo quiero entenderte a ti, con eso creo que tendría mi vida realizada…
¿Podría la falta de creatividad y adaptarnos a un molde establecido explicar la rigidez de las sociedades el problema actual y todas las crisis habidas y por haber? interesante lo que planteaba en el siglo pasado el filósofo hindú Krishnamurti:
Las ideas, por sí solas, generan división. Cuando nos apoyamos ciegamente en ideologías —sean de izquierda, de derecha, religiosas o económicas— no estamos siguiendo la verdad, sino opiniones. Y las opiniones siempre pueden discutirse, negarse o enfrentarse entre sí. Un hecho, en cambio, no puede negarse; solo puede negarse la interpretación que hacemos de él.
Si queremos comprender realmente un problema, no podemos depender de líderes ni de libros. Los líderes también están condicionados por su propia confusión. Elegir un guía desde la confusión solo perpetúa la confusión. Para entender cualquier crisis —sea social, política o personal— la mente debe estar clara y fresca, porque los problemas nunca son estáticos: siempre cambian.
La transformación de la sociedad no puede lograrse únicamente mediante reformas externas. Toda reforma que no vaya acompañada de una transformación interior termina volviéndose rígida y repetitiva. La sociedad es el resultado de nuestras relaciones diarias. Si nuestras relaciones están marcadas por el egoísmo, la envidia, la ambición o el deseo de poder, eso mismo se proyecta al mundo y genera conflicto.
El mundo no es algo separado de nosotros. Lo que somos internamente —nuestros pensamientos, emociones y acciones cotidianas— se refleja en la estructura social. Si somos confusos por dentro, la sociedad será confusa. Si somos competitivos y envidiosos, construiremos un sistema basado en la competencia y la envidia.
Gran parte de nuestra vida gira en torno al deseo de posición, reconocimiento y poder. Incluso en el trabajo, muchas veces no buscamos solo el sustento, sino estatus. Esa dinámica alimenta rivalidades y estructuras de poder que terminan en conflicto. La política y la guerra no son fenómenos aislados: nacen de esa misma mentalidad.
Nuestras relaciones tampoco se basan realmente en el amor, sino en el dominio, el respeto entendido como jerarquía y la comparación constante. Donde hay deseo de dominar, hay celos, ira y conflicto. Y tratamos de escapar de ese conflicto creando más sistemas e ideas, en lugar de observar su raíz en nosotros mismos.
La raíz del problema es la imitación y la autoridad. Desde pequeños aprendemos a repetir fórmulas, creencias e identidades. Exteriormente, cierta imitación es necesaria para aprender técnicas. Pero interiormente, cuando imitamos psicológicamente, dejamos de ser creativos. Nos convertimos en repetidores de ideas ajenas, condicionados por la cultura, la religión o la nación.
La desintegración de la sociedad tiene una causa profunda: hemos dejado de ser creativos y nos hemos vuelto imitativos. Donde hay autoridad incuestionable, hay copia; donde hay copia, desaparece la creatividad. La verdadera revolución no es externa, sino interior. Solo una transformación psicológica constante en el individuo puede evitar que la sociedad se vuelva rígida y se desintegre.
La creatividad surge cuando la mente está libre de imitación y de autoridad interna. En esos momentos no hay repetición ni condicionamiento, sino frescura y novedad. Por eso, la verdadera renovación social empieza en cada individuo, en su capacidad de observar, comprender y liberarse de la repetición mecánica.
Muchas veces ese condicionamiento viene impuesto socialmente con distintos fines, hay una cita de Bertolt Brecht que me encanta y viene un poco al tema.
“Instruido por impacientes maestros, el pobre oye que es éste el mejor de los mundos, y que la gotera del techo de su cuarto fue prevista por Dios en persona”